martes, 5 de enero de 2016

Cascanueces y el rey de los ratones de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann

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Probablemente uno de los relatos más importantes de la literatura universal que acompañan a la Navidad sea "Cascanueces y el rey de los ratones".

En muchos países del mundo vemos exhibirse, diciembre tras diciembre, la versión en ballet de esta obra escrita por E.T.A. Hoffmann. Nacido en Königsberg, Prusia, el 24 de enero de 1776.

Siguiendo el ejemplo de su padre, se hizo abogado, a pesar de que lo que realmente quería ser era músico y fué en 1816, estando en Berlín, cuando comenzó a escribir con más dedicación. Fué una influencia importante para el Romanticismo Alemán y reconoció como sus influencias a Schiller, a Walter Scott y a Jonathan Swift.

Sus relatos y novelas están llenos de imágenes macabras, casi oníricas, con un universo de personajes siniestros que impactaron notablemente a la literatura romántica y posteriormente a la música también. Entre sus obras más importantes se encuentran (antes de pasar a hablar de la que nos ocupa): "El Elixir del Diablo" y "La Vida y Opiniones de Kater" sin olvidar el famoso relato "El hombre de arena" que es citado con frecuencia por psicoanalistas.



"Cascanueces y el príncipe de los ratones" es uno de sus legados más importantes en la celebración de la Navidad y que Hoffman escribió en 1815 pero que apareció publicado un año después en el volumen "Los hermanos Serapión."

Hoffman escribió este texto inspirado en los hijos de su amigo Julius Eduard Hitzig, jurista, escritor y editor. Los niños dieron sus nombres a los protagonistas: Marie (María) y Fritz (Federico), que en el relato son los hijos del juez Stahlbaum.

Marie descubre entre los soldados de juguete que le han sido regalados a Fritz, a una figura un tanto extraña: se trataba de un cascanueces regalado por su padrino, el Señor Drosselmeier. Fritz le quita el cascanueces a Marie y lo quiere poner a prueba rompiendo innumerables nueces que terminan por romper los dientes del muñeco.

Marie, llorosa, se retira luego de que su padrino Drosselmeier hubiera reparado el Cascanueces.

En medio de sus sueños, la niña es sometida a la tiranía del rey de los ratones con sus 7 cabezas y 7 bocas, quien le exige que le de todas sus golosinas y otras pertenencias porque sino morderá al cascanueces. La niña accede pero las exigencias eran cada vez más duras con ella ya que el rey nunca estaba satisfecho.

El Cascanueces cobra vida gracias a la inmensa bondad y ternura de Marie y con el sable que ella le brinda, vence al rey de los ratones cortándole las 7 cuyas coronas le entrega a la joven. Con ello se vence el hechizo que mantenía al sobrino de Drossenmeier, encerrado bajo la forma de un cascanueces.

Este es brevemente el argumento del cuento de Hoffman que luego pasaría por una serie de transformaciones, primero por el francés Alejandro Dumas, padre, y más tarde con música por parte de Tschaikovski. Finalmente con coreografía por Lev Ivanov. Todo ese proceso de autores dió origen a esta obra que hoy en día forma parte de la celebración de la Navidad en gran parte de los países occidentales.