martes, 27 de enero de 2015

La civilización del valle de Hunza, en el oasis de la eterna juventud.

La "tribu" del Valle de Hunza (en la frontera de la India y Pakistán) se le llama el "oasis de la juventud." La esperanza de vida de los habitantes de este valle está  entre los 110 y los 120 años. Casi nunca enferman. Podría decirse que son los poseedores de la "eterna juventud".


Su forma de vida, es lo más cercano a lo ideal. Los habitantes se siente saludable, felices y  sus rostros no envejecen, como en el resto del planeta. Es interesante ver que la población del valle de Hunza, en contraste con las regiones vecinas, resalte por su distinta fisonomía, guarda un gran parecido a los habitantes norte-europeos, más que con los de su entorno. Son de tez lechosa y sus ojos son azules o verdes (al igual que los Kalash,  que es un poblado cercano).


Cuentan los lugareños que la ciudad fue fundada por un grupo de soldados del ejército de Alejandro Magno durante la campaña india. Ellos, por consiguiente y haciendo honor a su abolengo, guardan una estricta disciplina militar de tal manera que los habitantes van con espadas y escudos, además de bailes rituales propios de guerreros.

En la década de 1970, cuando la carretera de Karakoman fue construida a través del valle de Hunza siguiendo las antiguas rutas de la seda desde Pakistán a China, National Geographic se encontró con una  civilización que residía allí desde hacía siglos, considerándola como una de las más antiguas del mundo.



Casi todo lo que se cultiva en Hunzakuts es fácil de encontrar en la mayoría de los supermercados de América (excepto en Venezuela, Cuba o Argentina, por motivos políticos más que de riqueza) o de Europa. La única diferencia es que ellos comen alimentos frescos, sin procesar, y consumen los cultivos que se produce en la temporada.

Lo más fundamental de su dieta es la abundancia de frutas frescas o seca que comen durante todo el año. La mayor parte de esta dieta consiste en beber agua que baja de los glaciares, la leche no pasteurizada, y muchas verduras, tanto sus hojas verdes como sus raíces.

La forma de consumir estas verduras es cruda, así como los tallos jóvenes de maíz verde, zanahorias, y nabos. Cuando cocinan la verdura lo hacen poniéndola en una olla con agua y la hierven con el mismo procedimiento de vaporización que usamos nosotros.También cabe señalar que durante un periodo de tiempo, cuando la fruta aún no está madura, practican una especie de ayuno natural  la época denominada  "el hambre de la primavera", y tiene una duración de dos a cuatro meses. En estos meses,  comen cualquier cosa y sólo una vez al día, toman una bebida a base de albaricoques secos.



El rumano, ganador del Premio Nobel por su trabajo sobre la dinámica de fluidos, el Dr. Henri Coanda, pasó sesenta años estudiando el agua de Hunza con el fin de determinar sus efectos contra la enfermedad "buffering". El Dr. Coanda descubrió que las Aguas que bajaban de los glaciares de los picos del valle de Hunza, tenía diferente viscosidad y tensión superficial con un notable pH alcalino, altos niveles de hidrógeno activo (hidrógeno con un electrón extra), potencial redox negativo, y un alto contenido de mineral coloidal. Estas mismas propiedades del agua se pueden encontrar en otros lugares remotos no contaminadas en las zonas de China (en las ares Shin Chan), las montañas de los Andes, y cerca de Azerbaiyán.

Otro médico, el escocés  MacCarrison,  hizo hincapié en que la ingesta de proteínas era en un nivel inferior a lo que se puede llamar normal. Las calóricas diarias eran 1.933 kcal y comprenden 50 g de proteínas, 36 g de grasa, 365 g de carbohidratos.

En resumen, que esta tribu han descubierto los principios de la "eterna juventud" que son: alimentos orgánicos frescos, beber agua alcalina, y ejercicio diario, montaña arriba, montaña abajo, respirando un aire limpio y puro. Sólo mediante la adaptación a estos tres simples hábitos se puede llegar a disfrutar de una larga vida y prevenir las enfermedades relacionadas con la edad.

Algo más. Cuando encontraron esta civilización que no conoce el cáncer, ni el sida, ni etc;  se sorprendieron de que la civilización además no tenía hospitales, médicos o policía; los investigadores no pudieron determinar con exactitud qué edad tenían cada individuo porque no había certificados de nacimientos... Allí se nace y se vive. Día a día.

Se me ocurre entonces añadir un criterio más para llegar a vivir largamente y con felicidad, vivir sin funcionarios que te registren cuándo naces y recordarte cada vez que vas al médico, al hospital o a la policía cuánto has vivido y qué te queda por vivir, atendiendo a la esperanza de vida del lugar...