domingo, 4 de julio de 2010

El respeto.

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Después de ver, aunque de pasada, el espectáculo de los sarasas con sus cueros y sus carrozas por Madrid, en su famoso día de orgullo; que en la mayoría de los casos no son más que unas locas a la voz de respeto. Me hace caer en la cuenta que ese soniquete tan recurridos por estos amantes sodomitas, del respeto que, según ellos, dicen merecerse por sus ideas y su forma de vida.

Es muy fácil decir y es muy recurrente eso de pedir el respeto por todo aquello que si se mereciera no debería pedirse. Es como lo de la cuota paritaria. Parte de la premisa que en la izmierda española, no puede haber paridad en el sexo de sus ministros salvo en el caso que se imponga. En ese sentido, se pide respeto a la Chacón, a Aido y a la trovadora de las excelencias del Iluminado en los acontecimientos planetarios que ocurran. En fin es el respeto, qué son muy inútiles, ¡no eres respetuoso! dicen.

Oí una vez a alguien decir, no recuerdo ahora quien, que el respeto es a las personas, no a las ideas. Porqué he de estar de acuerdo con los matrimonios entre maricas o bolleras. Se respeta al individuo. Es como lo de imponer el uso de preservativos, de píldoras anticonceptivas o del día después. Es que mis ideas en contra no valen. No, ese respeto es sólo para las ideas si son mías y tu te jodes (con perdón).

Tengo que estar de acuerdo con los chorizos a gogó que la progresía anda repartiendo por todas partes, en ayuntamientos, en residencias escolares o en cualquier sitio, donde se pueda trincar. Y si yo soy honrado, me jodo (con perdón otra vez), lo fundamental es el respeto.

Respeto para pensar que enterrar en cal viva es el camino idóneo para acabar con la ETA. Y ponen los mismos el grito en el cielo, con la prisión de Guantánamo.

Que lo fundamental es el respeto a las ideas de que la mujer puede matar a su hijo, por que aún no es lo suficientemente mayor como para oirlo llorar, porque sentirlo, desde luego que lo siente.

Pues realmente debo decir, que no respeto a la fantochada de los cueros y las carrozas y los que estaban como séquito, no siento el más mínimo respeto por la afición de meterla mano en la caja y en el congelador de la residencia. Ni siento el más mínimo respeto por la madre que es capaz de matar a su hijo. Lejos del respeto exigido por todos ellos, a quien insultan con burlas hacia todo lo que no esté en consonancia con su forma de pensar, lejos de ello como decía, tienen todo mi desprecio.

Aunque a veces quitado el cuero y desmontadas de las carrozas, cuando no van en manada, algunos individuos merecen que se les respete.