jueves, 14 de enero de 2010

El reloj del juicio final.

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Los expertos que controlan el avance de la civilización han decidido adelantarel reloj en dos minutos.

Éste es un reloj que existe en la Universidad de Chicago, llamado del Día del Juicio Final que perpétuamente se encuentra a punto de cumplir la medianoche. En este reloj, la medionoche metafóricamente representa una guerra nuclear que acabaría con toda la civilización, y este reloj por tanto, nos muestra cuan cerca se encuentra la humanidad de esté horroroso desastre.

Cuando se creó en 1947, se fijó a 7 minutos de la medianoche. Desde ese día, la aguja del minutero se ha ido moviendo dependiendo de lo cerca que estabamos de tirarnos los tratos nucleares a la cabeza y del riesgo que existía. Ha estado a tan sólo 2 minutos en 1952, y estuvo incluso a 17 minutos en 1991.

En sus primeros sesenta años, el reloj ha tenido un total de dieciocho movimientos, alejándose y acercándose de la medianoche, de acuerdo a la situación política, científica y militar a nivel global. Desde el año 2007, hemos permanecido a cinco minutos de la medianoche, pero hoy, jueves 14 de enero, apenas dentro de unas horas, el reloj cambiará la posición de sus agujas. Con todo lo que ha sucedido en estos últimos tres años, tanto lo bueno como malo.

Quienes deseen seguir en vivo el cambio del reloj podrán hacerlo a través del enlace colocado al final del artículo. La hora del cambio es 3:00 PM GMT, sólo deberán agregar la diferencia correspondiente en sus husos horarios para verlo en vivo. Teóricamente nadie, salvo los cuidadores: los hombres y mujeres del Boletín de Científicos Atómicos. El boletín es una publicación que se fundó en 1945 por los científicos del Proyecto Manhattan, y en donde han contribuido gente como Albert Einstein, Edward Teller, J. Robert Oppenheimer, Carl Sagan, Wernher von Braun, Al Gore, Isaac Asimov, y Arthur C. Clarke por nombrar unos pocos


No obstante se me viene a la cabeza esa cita de:
"Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre." Mt. 24, 36.