domingo, 14 de febrero de 2016

DEL VERDADERO AMOR.


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Gran cosa es el amor, gran bien para toda cosa. Él sólo hace  ligero todo lo pesado, y lleva con igualdad todo lo desigual. Lleva la carga sin carga, hace dulce y sabrosa toda cosa amarga. El nobilísimo amor de Jesús nos compele a hacer grandes cosas y siempre mueve a desear cosas perfectas.

El amor quiere estar arriba, y no quiere ser detenido de cosas bajas. 

El amor quiere ser libre y ajeno de toda afección mundana, porque no se impida su interior vista, ni se embarace en ocupaciones de provecho temporal, o caiga por algún daño o pérdida. 

No hay cosa más dulce que el amor, ni más fuerte, ni más ancha, ni más alegre, ni más cumplida, ni mejor en el cielo ni en la tierra. Porque el amor nació de Dios, y no puede holgar sobre todo lo criado, sino en este mismo Dios. 

El que ama vuela, corre, alégrase, es libre, no es detenido, toda cosa da por él todo, y tiene todas las cosas en todas; porque huelga en un sumo bien sobre todas las cosas, del cual mana y procede todo bien. 

No mira a los dones, pero vuélvese al dador de ellos. 

El amor nunca sabe modo; hierve sobre toda manera. 

El amor no siente carga, ni estima los trabajos: más desea que puede. 

No se queja lo manden lo imposible; porque cree que todo lo puede en Dios: en conclusión, para todo es bueno. 

Y muchas cosas cumple y pone por obra, en las cuales el que no ama, desfallece y cae. 

El amor siempre vela, y durmiendo no se duerme; fatigado no se cansa; angustiado no se angustia; espantado no se espanta; mas como viva llama y ardiente hacha sube arriba, y pasa seguramente. 

Si alguno ama, conoce lo que habla esta voz. 

Gran clamor es en las orejas de Dios el encendido y abrasado afecto del ánima que dice: "Dios mío, amor mío, tú todo mío, y yo todo tuyo." 

Ensánchame en el amor, porque aprenda a gustar con la boca del corazón tus secretos, y cuán suave es el amar, y derretirse y andar en el amor. 

Sea yo preso del amor, saliendo de mí por él con gran fervor y admiración.

¡Oh Señor, cante yo cantar de amor! Sígate yo, amado mío, a lo alto, y desfallezca mi ánima en tu loor alegrándome de tu amor. 

Ámete yo más que a mí, y no me ame a mí sino por tí, y ame a todos en tí, los que de verdad te aman, como manda la ley del amor que sale resplandeciente de tí. 

El amor es presto y limpio, piadoso, alegre, delectable, sufrido, fiel, prudente, varonil; espera largo tiempo, y nunca se busca a sí mismo: porque en buscándose alguno a sí mismo, luego cae del amor. 

El amor es muy mirado, humilde, recto, y no liviano ni regalado, ni entiende en cosas vanas; medido, casto, firme, reposado y guardado en todos sus sentidos. 

El amor es sujeto y obediente a los prelados, y a sí mismo vil y despreciado, a Dios devoto y agradecido; confía siempre en él con viva esperanza, aún en el tiempo de la sequedad, cuando no gusta de Dios: porque no vive ninguno en amor sin dolor. 

El que no está aparejado a sufrir toda cosa, y estar a la voluntad del amado, no es digno de ser llamado amador. 

Conviene al que ama abrazar de muy buena voluntad toda cosa dura y amarga por el amado, y no apartarse de él por cosa contraria que le acaezca.


- Contemtus mundi: o de la imitacion de Christo. Thomas Kempis