Y hablando de negocios es redondo el que hemos descubierto del citado juez. Me refiero al de las conferencias, autofinanciadas por su condición de juez. Pero que ha dado esta vez en hueso.

Cogido en la cama con la mujer de otro, ataca al cornudo diciéndole que no debería estar allí, que le está vigilando, que le falta a su intimidad. Esto es como todo. Puede que el cornudo se acongoje por los gritos del juez y así el adulterio se convierta en decencia o , por otra parte, puede que el cornudo se vea en el espejo y vea reflejado las dimensiones de su cornamenta.
La pelota, con perdón, está en el tejado de sus compañeros de oficio. Ellos son los que deben juzgarlo. Todos estamos apretando los dientes para ver como termina esto. Ya tenemos algunos antecedentes que nos han hecho temblar. Se librará de esta o no.

Como ya he dicho, es cuestión de tiempo, que la justicia sea justa y ciega, aunque no para ver el delito, sino para ver al delincuente. Es la reincidencia de quien sale de una y mil situaciones embarazosas, es lo de que el asesino vuelve siempre a la escena de un crimen. A Al Capone, se le juzgó por delito contra la hacienda pública, pero claro eso es otro país. Se me viene a la memoria, con respecto a lo de Al, qué pasó con Paula Chaves, pero Manolo Chaves, nada tiene que ver con Capone. No sé por que habré pensado en esto.
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